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Relatos

la noche de los mil relámpagos

Parte 1, abre los ojos y el libro.

Entonces desperté en mi cama. Mi cómoda cama de matrimonio. Miré a mi izquierda y vi a mi esposa, pero no estaba echada a mi lado, estaba dormida sentada en una silla. Que había pasado para que estuviera de esa manera y no echada conmigo. Me moví lo suficiente por la cama hasta llegar a su lado y cariñosamente la desperté.

– Leri cariño, que haces así dormida.

Cuando logró abrir un poco sus ojos, me miró primeramente como si viera un fantasma y luego parece se dio cuenta que no lo era.

– Minito, ¡por fin despiertas! ¡Que alivio! -Y se abalanzó hacia mí abrazándome, y yo no pude evitar en absoluto sin saber que estaba pasando a abrazarla fuertemente.

– Cuanta efusividad… parece que lleváramos años sin vernos. -La pregunté mientras me abrazaba. Creo estaba llorando.
– Han sido tres días de angustia pero es como si hubieran pasado siglos. -Y me abrazó más fuerte aún.

En ese abrazo fuerte tan cálido y cariñoso, recordé que fui al Reino a consultar un libro a la biblioteca de los sabios… Pero mi esposa se separó de mi y me miró muy de cerca con sus ojos azules y perdí el norte.

– No sabemos que os ha pasado pero eso no importa, lo que importa es que ya has despertado. ¿Qué quieres comamos de desayuno? -Me preguntó con sumo cariño.
– Que tal unos huevos fritos con arroz. -Le encanta, seguro que acepta.
– Me has leído el pensamiento, voy corriendo a la cocina y lo preparo. Tu tomate tu tiempo a quitarte las legañas por favor. -Y me abrazó de nuevo rápidamente y salió corriendo súper alegre de nuestra habitación de matrimonio.

Y allí a solas aún sintiendo el calor de mi esposa, traté de seguir recapitulando. Había ido a leer un libro a la biblioteca de los Sabios, logré tenerlo en mis manos pero luego de eso no recuerdo más. Nada, lo siguiente es aparecer aquí.

Sin encontrar el motivo aparente de por qué había aparecido allí, me levanté de la cama. Miré a la mesilla de la derecha y ahí estaba el libro que había ido a leer. Entonces pegué un bote sin precedentes. ¿Me había traído sin permiso un libro de su biblioteca? Un susto mezclado con miedo empezó a recorrer mi cuerpo. Estaba totalmente prohibido sacar libros y me había traído uno.

En toda la conmoción, no me di cuenta aún estaba vestido de la ropa que llevaba ese día, pero con las manos temblorosas decidí coger el libro y ver si estaba bien o lo había dañado. Si le faltaba una sola página o estaba golpeado, sería mi perdición.

“El extraño caso de la casa Renentes” aún estaba de una pieza, todas las páginas estaban bien. No eran muchas, no llegaban a unas cien, pero es muy antiguo, de unos ochocientos años, y estaba en un estado muy delicado. Todos mis nervios se tranquilizaron al ver que el libro seguía de una pieza. Ya iba a ser algo difícil de explicar la situación como para que el libro hubiera sufrido algún daño. Entonces el olor a arroz hervido entró por la habitación y regresé de mi estado de nerviosismo, pensé era mejor ponerme cómodo y hablarlo tranquilamente con Leri y decidir que hacer.

Parte 2, desmemoria colectiva.

Habíamos llenado nuestras barriguillas de rico arroz con un par de huevos fritos muy ricos. Mi esposa tenía una maña impresionante para salirle siempre rico, el dios de los huevos fritos y el arroz hervido debe estar contento de que mi esposa le de buen uso de su bendición. Siempre le decía eso cuando acabábamos de comer.

– Anda Minito, ya sabes que ese dios no existe. -Me contestaba riendo mientras recogíamos los platos.
– Seguro que sí, un don así debe venir de algún dios o algo, fijo. -La replicaba con una seguridad a prueba de bombas. Entonces ella reía de nuevo.
– Mi bendición es que estés conmigo, lo demás no importan tanto. -Me contestó mientras dejaba los platos y volvía a la mesa. Se sentó a mi derecha.
– Menudo susto entonces os llevasteis todos al vernos venir. -La comenté recapitulando lo que habíamos hablado mientras comíamos.
– Imagínate veros aparecer al pueblo, de noche como personas sin alma, todos caminando y cada uno llegando a su casa a hacer sus quehaceres como si nada de lo que hubiera alrededor os importara. Al menos a ti te dio por dormir, pero otros se pusieron a hacer zanjas…

Yo en ese momento volví a reírme, pero no con las mismas carcajadas de antes.

– Y todo esto después del rato que hubo tantos relámpagos. -La pregunté con la risa más calmada.
– Si, eso fue… impresionante, jamás había visto… eran relámpagos impresionantes pero algunos no venían de arriba, no sé bien como decirlo. Tampoco era algo que pudieras soportar mirando mucho tiempo…
– Debió ser un momento para quedarse petrificada, aunque ahora nos hayamos reído.
– Y tanto que si…

Me levanté y fui de nuevo a la habitación. Cogí el libro y salí al salón comedor con él.

– Ya que le tenemos aquí, aprovechemos para verlo juntos si te parece. -Le fui diciendo mientras me acomodaba a su lado.
– Me parece bien, siempre he querido ver un libro antiguo, me hace mucha ilusión. -Me contestó con los ojos llenos de sinceridad.

Cuando me senté a su lado, pusimos el libro entre medias y empezamos a ojearlo.

– En verdad se ve un libro muy antiguo…
– Tiene por lo menos setecientos años… -Le contesté a mi esposa.

En la primera página aparecía el prologo, parecía del autos, que se prolongaba varias paginas. Luego cuando llegamos al final del prologo había una especie como de dibujo a mano donde aparecía la familia dibujada con estilo casi realista. En el se podía ver a toda la familia Renentes parece ser días antes del suceso. Justo abajo indicaba que fue tres días antes del suceso.

– La familia Renentes tenían una una única hija, Camerina. El resto de personas son gentes del servicio. -Le expliqué a mi esposa.
– ¿Y que les pasó para escribirles un libro así? -Me preguntó.
– Aparecieron todos de un día para otro desmemoriados sin saber quienes eran, y la hija había desaparecido.

Seguimos pasando páginas. Habían empezado los antecedentes y los dimes y diretes de la familia. Existía la sospecha que Camerina era adoptada pero la familia aseguraba que era su hija, a pesar de que nadie había visto nunca a la esposa embarazada.

– Se está centrando todo en la hija, ¿por qué razón?
– ¿Puede que sea la principal sospechosa? -Le pregunté a mi esposa.

Luego hablaban de su historia, era una familia muy adinerada más allá del reino, que les gustaba disfrutar del cambio de sabio. Era tanto así que la hija de ellos iba a leer el pregón ese año.

– ¿Leer la niña el pregón? ¿No siempre corre a cargo del sabio entrante? -Me preguntó mi esposa.
– Es probable la familia tuviera influencia o algo, sigamos leyendo.

Parece según íbamos leyendo, el sabio entrante era conocido de la familia y por eso quiso cederle la oportunidad. Pero según indicaba líneas siguientes ese suceso nunca llegó a pasar ya que la hija no se presentó, con lo que el pregón lo leyó el sabio entrante. En todo el reino se buscó a la hija pero no aparecía por ningún lado.

– La hija desapareció sin dejar rastro, que cosa más rara…
– Bueno, ya sabes como se pone el reino cuando cambian de sabio, se llena de gente que es demasiado. Quizás la raptaron o algo… -Supuse mirando al libro.

Los antecedentes estaban acabado, aseguraban que después de esos días de búsqueda, la hija apareció sin ningún daño aparente.

El siguiente bloque parecía era el último y ocupaba algo menos de la mitad del libro. El título era “la noche de los sucesos”, y según íbamos leyendo, parecía más detallado que los antecedentes. Según podíamos ver, se había echo una reconstrucción de los echos con la colaboración de los trabajadores de la posada donde residían. Según cuentan los testígos, a petición de la hija permanecieron dos días mas en la posada, algo que primeramente los padres no estaban de acuerdo pero al final accedieron. Parece según cuenta el escrito, los padres fueron convencidos bajo el argumento de que nunca habían estado después de que se acabara la feria y la hija pidió a los padres quedarse allí para ver la vida normal después de esos días.

– Es que el reino es otra ciudad después de esos días grandes, ¿a qué si?
– Hay bullicio pero de otra manera. -Le respondí a mi esposa.

El escrito continuaba, parece que esos dos días fueron disfrutados de diferente manera, mientras los padres no entraban a la posada, la hija no salía de ella. La hija había ganado un interés compulsivo por conocer a todos los trabajadores de la posada, llegándose a interesar por un muchacho en concreto.

– Vaya, no me digas que esto se va a transformar en un drama de amores. -Me dijo mi mujer con desaprobación.
– Aún queda libro, veamos que sucede. -Le dije a mi esposa si mostrando interés de que había más interesante por descubrir.

La segunda tarde de que regresaron los padres de visitar el reino, se encontraron a una Camerina dispuestas a pedirles una cosa a sus padres, quería casarse a toda costa con el muchacho que recién había conocido de entre los trabajadores temporeros de la posada.

– Lo sabía, sabía esto acababa en amores y desamores.
– ¿Por qué le daría por algo así? Con un chico recién conoce… -temía darle la razón a mi esposa pero seguimos leyendo.

Según recaba los textos ese muchacho era Jorge Mansés, hijo único de una familia media baja del reino sin mayor aspiración que sobrevivir día a día con lo que vendían del campo. El hijo era bastante conocido por sus travesuras y por haber causado algún problema que otro, pero más allá de eso nada grave. Los padres de Camerina desconcertados y sin dejar de que llegaran a acomodarse dieron un no rotundo a la hija y pasaron de ella.

– Normal, un chico que recién conoces… -Dijo mi esposa.
– ¿Y por qué no? Existe el amor a primera vista, pienso… -Comenté yo.

El libro estaba ya casi concluyendo, así que decidimos llegar hasta el final. Parece que esa misma noche en la habitación, la familia estuvo reunida con el chico incluido sobre el tema, así constataba los trabajadores que aun sin poder pasar a la sala, los escuchaban discutir desde afuera. la discusión duró hasta horas horas incluso molestando al resto de los que se hospedaban allí. Y en una de esas veces, se obró el silencio. No salia ningún sonido de la habitación.

Al día siguiente ya de primer ahora de la mañana, todos salieron de la habitación, pero salían por separado, y sin haber comunicación entre ellos. Las alarmas sonaron cuando el recepcionista del hostal quiso despedirse de ellos y el señor Constantino Renentes aseguró claramente que no conocía nadie así y que solo quería regresar a su casa. Ninguno de los que acompañaban al séquito de la familia Renentes sabia bien quien era, solo quería irse a casa a descansar. Estaban ausentes la hija y Jorge.

– Eso si que es un giro inesperado. -Soltó mi esposa, que si empezó a mostrar mucho interés.
– Ahora si hace honor el libro a su nombre. -Añadí yo.

Después de una ronda de preguntas de los sabios que se personaron allí, admitieron no saber que les podía suceder y que lo mejor que podían hacer era dejarles hacer. Sin haber ninguna objeción por ninguno de los presentes y en vista de que la familia Renentes no se reconocía a ninguno de ellos, les dejaron marchar, no sin ser seguidos de cerca por unos investigadores que los mismos sabios habían elegido.

Llegamos a las ultimas paginas, era una especie de resumen de lo que había pasado con cada uno de ellos. Algunas de las personas del servicio acabaron en monasterios de clausura trabajando, otros fueron a puntos muy dispares y allí se quedaron sentados viendo el horizonte sin mas. Los padres cada uno regresaron a sus respectivos lugares de origen pero fueron a las sendas iglesias de sus pueblos y de allí no querían salir. La familia Renentes estaba totalmente fuera y hacía falta asegurar que ninguno de sus bienes cayeran en malas manos, los sabios en colaboración con el alcalde de la villa de la familia administraron los bienes hasta decidir en años futuros a que dedicarlos. Y el libro acabó concluyendo que ni la hija ni Jorge se les volvió a ver y mucho menos tratando de reclamar la fortuna de los padres. Y entonces cerramos el libro.

– ¿Que sucedió de eso cariño? -Me preguntó mi esposa.
– Pues durante unos cien años los sabios administraron los bienes hasta que decidieron que tres familias de similar renombre se hiciera cargo de sus pertenencias. Parte de ello se donó a las gentes de la villa de los Renentes para que pudieran convertir aquello en un gran parador que a día de hoy perdura.
– Entiendo. Pues vaya… y lo desconcertante del todo es que… se parece mucho a lo que os ha pasado ahora…
– Bien mirado… parece que sí, es como si… ¿como si se hubiera repetido la historia?

En ese momento nos miramos y parece que pensábamos lo mismo, seguramente los de nuestra aldea no serían los únicos que llegaron desmemoriados y que le habría pasado a más gente.

– Que te parece esposa mía, si te preparas y nos vamos al reino. Tenemos que devolverles el libro y contarles lo que nos ha pasado, y quizás podamos saber que ha sucedido de verdad.
– Me parece buena idea. Estoy intrigada, seguro que esa tormenta de relámpagos no era para nada normal.

Y entonces decidimos así mi esposa y yo, ponernos en marcha e ir a visitar a los sabios del reino.

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AUTOR lugoilmer

Puede que no siempre hagamos lo correcto, pero seguro que tampoco estamos totalmente equivocados.
Somos la significancia insignificante en un mundo que es más pequeño de lo que parece y más grande de lo que es.

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